El Nanga Parbat, la novena cima más alta del mundo con sus 8125 msnm, conocida como la montaña desnuda por su traducción del idioma local, y como la montaña asesina por su taza de fatalidad, vuelve a estar en el centro de la noticia, esto por la nueva vía abierta en estilo alpino hace unos días por Denis Urubko y María Cardell. La ruta fue bautizada como “Nisabutka” es decir la “chica inolvidable” en honor a Cardell. Por ser la primera mujer en realizar una apertura en estilo alpino de una nueva línea hasta la cumbre de un ochomil.
El Nanga Parbat tuvo un ascenso chileno, que justamente en estos días estuvo de aniversario, cuando el 18 de julio de 2007 integrantes de la rama de montañismo de la Universidad Católica y de la Universidad de Santiago alcanzaron la cima de la montaña ubicada en Pakistán.
A 18 años del logro chileno, conversamos con Ernesto Olivares, para conocer algunos detalles de lo que en su momento fue el octavo ochomil de nuestro país.
“El ascenso al Nanga Parbat nace como una idea de poder primero sumarlo a la lista de los catorce ochomiles, para que como país pudiésemos llegar a cada uno de ellos. Lo segundo, es claramente una montaña que aparece en el horizonte de todo montañista, una de las más peligrosas y unas de las con mayor taza de mortalidad y por lo tanto en la que no se puede dejar nada al azar”, recordó Olivares en conversación vía Whatsapp, mientras se encuentra en la Cordillera Blanca de Perú.
Sobre la conformación del equipo de la rama de montañismo de la Universidad Católica, como suele suceder se hizo en un asado, en este caso en la casa de Carlos Bascour, y en el que se pensó en los integrantes que habían hecho Makalu en 2001 a los que se suma posteriormente Marcelo Grifferos en la logística y Cristián García Huidobro. La lista definitiva del proyecto llamado “La Conquista del Diamir” la integraron: Rodrigo Echeverría, Carlos Bascou, Ernesto Olivares, Francisco Larraín, Pablo Gutiérrez, Francisco Muñoz, Mike Söldner y Cristián García-Huidobro.
A la par de la preparación de la UC, Luis Álvarez lideraba al equipo de la Universidad de Santiago que buscaría el mismo objetivo, en el que para ello contaría con Andrés Jorquera, Fernando Millar, Adolfo Dell’Orto, Alex Cattán y Jaime Cartagena.
Para llegar de mejor manera a enfrentarse al Nanga Parbat los montañeros de la Universidad Católica, se sometieron a una estrica preparación física, que comenzaba a las cinco de la mañana. “Yo me levantaba a las cuatro y a las cinco estábamos en Campus San Joaquín como hasta las siete y media. Algunos se bañaban ahí mismo y se iban al trabajo. Yo me quedaba ahí mismo porque yo ahí hacía clases”, rememora Olivares.
Mucho se ha escrito acerca de que dos expediciones chilenas se hayan encontrado en un mismo ochomil, pero Olivares señala que en su momento no fue una sorpresa saber que otro grupo también iría al Nanga Parbat. “La expedición de la Universidad de Santiago no fue una sorpresa, lo sabíamos desde antes. Yo conocía y conozco a cada uno de los miembros de esa expedición. Teníamos en común que éramos instructores de la Escuela Nacional de Montaña. Estaba Luis Álvarez que no recuerdo si era el director, estaba Andrés Jorquera, habían varios de los amigos, en realidad muchos eran conocidos, amigos y buenos compañeros en la ENAM así que no es algo que nos soprendió, y fue algo que jamás se tomó como una competencia.
Los primeros en llegar al Campo Base del Nanga, fueron los de la UC, ya que los de la USACH tuvieron problemas de logística que los retrasó diez días en su llegada a los pies del cerro.
Con el arribo de la expedición de la Universidad de Santiago es que surge la idea de trabajar en conjunto para mejorar así las posibilidades de conseguir el éxito en la “montaña desnuda”.
Ambas expediciones eligieron intentar la montaña por la vertiente del Diamir, en el caso de Universidad Católica, Olivares justifica los motivos: “Dentro de todos los peligros que tiene esta montaña, nos pareció la ruta que más seguridad nos daba. La ruta kinshofer hoy es reconodida como la ruta normal de Nanga Parbat, curioso para una montaña tan compleja, pero sabíamos, o por lo menos teníamos más documentación de esa ruta que de las otras, entonces diría yo que apostamos a la ruta en la que contábamos con mayor cantidad de información, para poder progresar brindándonos algo más de seguridad. Te diría que la expedición que lideró Luis Álvarez también llegó a la misma conclusión”.
El día de intento de cima parecía todo se complicaba para Universidad Católica, primero a dos horas de haber iniciado el ataque Söldner decide volver debido a fuertes dolores de estómago, luego García-Huidobro cuando comienza a amanecer el 18 de julio, comunica que no continuará también por dolores estomacales provocados por una gastritis producto de medicamentos que había tomado consecuencia de un golpe.
En ese momento Pablo Gutiérrez señala tener olla y lo suficiente para hacer agua caliente y junto a García-Huidobro ordenan a Olivares que vaya por la cumbre y ellos irían atrás.
Por su parte Universidad de Santiago también iba camino a la cumbre, y es así que Luis Álvarez alcanza la cima a las 07:18 horas, luego Ernesto Olivares alcanza el punto más alto del Nanga Parbat a las 07:41 horas, el tercero en arribar es Jorquera, ocho minutos después de Ernesto. A las 09:15 fue el turno de Gutiérrez y a las 10:50 Cristián García-Huidobro fue el último chileno en poner su pie en la cumbre.
Fue un momento especial para cada uno de esos cinco chilenos, e inolvidable en el caso de Olivares: “En lo personal es un día que no creí que fuese posible para mi la cima, porque dos días antes asegurando a Cristián para poder equipar la ruta del campo 3 al 4, sufrí de hipotermia. Terminamos muy tarde me acuerdo ese día y cuando regresamos a la carpa yo pensé que no iría a la cima porque la hipotermia me dejó muy debilitado, pero nos dimos un día de descanso y eso me permitió llegar mucho más recuperado, pero sin embargo más allá de la hipotermia, sufrí quemadura en los ojos producto de la nevada, en un momento no me quedó otra que quitarme los lentes, así que ese día subí pensando que iba a dar todo lo que pudiera y me iba a regresar, pero con la ayuda de Dios pude llegar a la cima.”
“Creo que para los que ese día llegamos a la cima, fue el corolario de un trabajo de años para adquirir la madurez técnica, para adquirir las competencias que nos permitieran conformar un equipo humano de excepción”
